¿Es usted cristiano? Salga del armario y sea feliz, hombre, es Navidad

Federico Quevedo: Lo peor que puede hacer un cristiano es esconderse, porque entonces estará siendo desleal con el mensaje que aquel gesto de amor infinito hacia los hombres nos transmitió durante generaciones: un mensaje de respeto a los demás, de tolerancia, de libertad de elección, pero también de convicción en la fe, de seguridad en nuestras creencias

Para quienes creemos que hace poco más de dos mil años Dios se hizo hombre y nació de Santa María Virgen en un pobre portal en Belén, que allí fueron a adorarlo, primero los pastores enviados por ángeles, hombres humildes y tan pobres como el propio Niño que adormecía en una cuna de paja y heno, y después Reyes venidos de muy lejos, guiados por una estrella, a los que hoy llamamos Magos, estos son días de inmensa alegría, de enorme felicidad. Lo expresamos con cánticos –villancicos- y adornando nuestras casas con belenes que recuerdan aquel momento que cambió la historia de la humanidad. Engalanamos puertas y ventanas con un único motivo: recibir, de nuevo, al Niño en nuestras vidas y agradecerle que cada año vuelva a nacer en nuestros corazones. Nos sentimos mejor, nos volvemos más generosos, deseamos a todo el mundo una Feliz Navidad porque, en el fondo, sabemos que no hay nada mejor que la alegría de la Fe. Hay, sin embargo, a quien le molesta esta expresión de felicidad, y parece que en los últimos tiempos sentir todo esto que acabo de describir es motivo de escarnio y razón para que quien lo siente deba esconderse detrás de una falsa careta de celebración de una Navidad pagana.

Un error. Lo peor que puede hacer un cristiano es esconderse, porque entonces estará siendo desleal con el mensaje que aquel gesto de amor infinito hacia los hombres nos transmitió durante generaciones: un mensaje de respeto a los demás, de tolerancia, de libertad de elección, pero también de convicción en la fe, de seguridad en nuestras creencias. Dar un paso atrás, dejar de defender y de explicar la razón última de la celebración de la Navidad, supone ceder terreno ante los enemigos, no ya de Dios o de la religión, sino ante los enemigos de la propia esencia del ser humano, de su condición de hombre libre. La Navidad es la expresión máxima de la tradición cristiana que ha hecho de nuestra civilización la más avanzada, la más libre, la más igualitaria y la más tolerante. Sin ese espíritu que invade todos los años nuestras casas y nuestras calles el mundo sería, seguramente, mucho más horrible de lo que ya es. Por eso la Navidad trasciende la pura celebración cristiana del nacimiento de Cristo y se convierte en todo un símbolo de nuestra propia liberación como hombres de la esclavitud de lo que los cristianos llamamos pecado y que quienes no tengan fe pueden, sencillamente, vincular a la malicia innata al ser humano. Read More